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Escrito por Pablo Lucio Paredes
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Pablo Lucio Paredes reflexiona sobre el Código de la Producción, destacando la importancia que tienen todos los partícipes que intervienen en la pirámide de la economía.
Hay cierta creencia que el impulso a las pequeñas unidades productivas es el futuro de una economía. Ciertamente es parte del futuro, pero no puede ser el futuro.
La economía por definición es un sistema complejo, no solo en el sentido diario de la palabra, es decir algo “complicado”, sino mucho más profundamente es un sistema que va surgiendo espontáneamente de las interacciones entre sus diversos partícipes, interacciones de corto alcance que se convierten en efectos globales. Y esto tiene una connotación muy importante: no es posible desde afuera guiar a la economía hacia alguna parte, porque no sabemos (ni podemos saber) hacia dónde camina y cómo se organiza, lo mejor que se puede hacer es crear un entorno de incentivos razonables para que la gente y sus organizaciones tomen mejores decisiones para su futuro.
Y ahí surge algo que es así mismo complejo de entender (y de hecho no lo entendemos bien): la existencia de una pirámide que va desde pocas empresas grandes hasta muchas pequeñas o micros. Las primeras cumplen un rol muy importante que es con economías de escala y de tecnología, lograr producir masivamente y con bajos costos, lo que permite a más gente acceder a estos productos (por ejemplo hoy cuesta proporcionalmente menos tener un televisor o ropa básica). Las últimas en cambio son la correa de transmisión hacia el consumidor, sin la panadería o la tienda de la esquina no serviría de nada producir a más bajo costo, pero también las pequeñas son el campo donde nacen nuevas ideas, nuevas iniciativas.
Esta pirámide es una creación espontánea de la gente y su esfuerzo. Por eso lo importante es que las condiciones de su funcionamiento sean razonables: apoyo técnico, sobre todo a los pequeños productores para mejorar productividad; impuestos razonables; contratos fáciles de realizar y de ejecutar; tramitología limitada; entorno de certezas razonables hacia el futuro; sistema financiero competitivo que amplíe su base de clientes hacia los grupos de menor alcance, etcétera. Pero lo peor que podemos hacer es querer desde las leyes favorecer a tal o cual parte de la pirámide con ventajas de cualquier tipo: tributos, trámites, aranceles especiales etcétera. Es malo, porque como no conocemos la manera de funcionar de la economía, al poner una presión especial en una parte de la pirámide, no sabemos cuáles son los efectos globales que esto va a producir y menos aún si en consecuencia se va a tener los efectos y resultados que esperamos. Es muy probable que terminemos con efectos sociales exactamente contrarios a lo que esperábamos.
Por eso, al diseñar cualquier Código de la Producción lo que debemos hacer es generar una cancha donde todos se puedan mover dentro de las mejores condiciones de competencia (es decir de posibilidades de desarrollar sus potencialidades, lo que implica por ejemplo apoyo tecnológico y de capacitación a los pequeños productores), sin favorecer a unos en relación a otros (si impuestos bajos son buenos para unos, lo son para todos). Esto debería caber en una sola página…
*Tomado de El Universo.
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Libertad: Verdaera Política Obrerista |