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La Huella sobre el medio ambiente en el Ecuador
Los cuestionamientos sobre el estado del medio ambiente en el mundo han venido en auge estos últimos tiempos. Especialidades como la Economía Ecológica promovieron el uso de indicadores estadísticos sobre el impacto del ser humano sobre el medio ambiente.[1] Algunos de estos indicadores alternativos son la “Huella Ecológica” y la “Biocapacidad”.
La huella ecológica mide la sustentabilidad de las acciones humanas, relacionando el consumo y la generación de recursos de una población; así como la forma en que dispone y elimina los residuos resultantes de su consumo. La biocapacidad, en cambio, es la superficie de tierra disponible para un determinado nivel de producción;[2] esta se puede expresar en hectáreas globales (gha), que son hectáreas con una productividad promedio mundial para todas las áreas terrestres y acuáticas en un determinado año.[3]
En el Ecuador, la biocapacidad se encuentra en 2,3 puntos y la huella ecológica de la población es de 1,9 puntos.[4] Esto quiere decir que nuestras actividades productivas no exceden la capacidad de resistencia del medio ambiente. Sin embargo, en el Ecuador existen prácticas que no favorecen a la naturaleza, como la disposición poco apropiada de residuos sólidos en las distintas regiones.[5] Un ejemplo, es la situación que viven los habitantes del cantón Yaguachi, como es el caso de Alberto Rodríguez, quien señala que debido a la cercanía entre el botadero de basura y su domicilio le resulta cada día más complicada la cría de animales, que es parte de su sustento. La huella ecológica por persona en el Ecuador ha incrementado en un 49% de 1961 al 2005, y la biocapacidad por persona ha disminuido en 71% en el mismo periodo.[6]
Otras razones por las cuales se reduce la biocapacidad son (I) el aumento poblacional, (II) mayor concentración poblacional en las ciudades, (III) aumento en la explotación de zonas pesqueras, (IV) aumento en las emisiones de carbono, (V) la expansión de las fronteras agrícolas y (VI) la deforestación.[7] De todas estas, la que tiene más peso es la emisión de carbono (con 38%), seguida por la expansión de las tierras de pastoreo (21%) y las agrícolas (19%), y la disminución de los bosques (13%). Cabe destacar que, los bosques constituyen el 57% de la biocapacidad del país.[8]
Para graficar los inconvenientes que puede causar la reducción de la brecha entre biocapacidad y huella ecológica, se puede referir las tierras de cultivo. Según el Ing. Otón Márquez De la Plata, ingeniero agrónomo, la degradación del suelo suele ocurrir por la mecanización agrícola (monocultivos) y el uso intensivo de estos suelos. Entonces, si el agricultor no considera la biocapacidad del terreno y prefiere explotarlo al máximo en el corto plazo, a largo plazo este ya no será productivo. Pero si considera su biocapacidad y decide causar menos huella ecológica, tendrá un desarrollo más sostenible, puesto que a futuro dicho territorio seguirá produciendo.
¿Cómo reducir la huella ecológica? La solución puede venir de la voluntad de cada ciudadano en tres puntos clave, estos son: reducir (que puede ser visto como ahorro), reutilizar y reciclar. En la primera, la reducción del consumo de recursos que producen huella ecológica puede ser vista como ahorro para los hogares, siempre y cuando sea por voluntad propia, además su costo sería mínimo. La reutilización de los recursos significa extender el tiempo de uso al máximo posible, hasta agotar su utilidad. En cambio, el reciclaje, a diferencia de la reutilización, implica un proceso de transformación adicional y se considera adecuado para tomar acciones inmediatas ante el problema de espacio físico para los desechos. Por último, debe recordarse que en cualquier acción que se implemente, es fundamental la cohesión social y la iniciativa individual, para evitar un mayor impacto ambiental y que la distancia entre la huella ecológica y la biocapacidad se acorte.
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